A propósito de la II Cumbre Mundial de Comunicación Política, nos visita en Quito uno de los principales exponentes de la cibercultura: el argentino Alejandro Piscitelli. El autor de El Proyecto Facebook y la PosUniversidad ofreció en la Universidad Andina Simón Bolívar, con el auspicio de Fundación Telefónica, una conferencia con el tema “De la imprenta a la pantalla”.
Piscitelli ofreció un recorrido por una serie de temas relacionados con internet y las prácticas individuales y sociales de participación online, ilustrados con múltiples imágenes, ejemplos y videos que dinamizaron la exposición.
1. Aptitudes vs. actitudes 2.0
El punto de partida fue el énfasis en las actitudes 2.0 por sobre las aptitudes 2.0. Aprender a utilizar las herramientas es importante, pero es más importante insertarse en una cultura participativa: adoptar una nueva actitud abierta y colaboradora. Puso como ejemplo el marcado desinterés que las nuevas generaciones muestran frente a la práctica magistral de los clásicos entornos de enseñanza, punto de partida del Proyecto Facebook. Ese desgaste no solo involucra al ámbito educativo, sino también a los medios tradicionales, el periodismo, la publicidad, la política. La crisis que viven estas prácticas evidencia que la gente se cansó de una experiencia vertical que demanda la atención de los receptores como entes pasivos.
En un mundo digital en que niños de edad preescolar desarrollan –gracias a su contacto temprano con la tecnología y otras muchas razones– capacidades extraordinarias, se están quedando cortas y desvirtuando las categorías, las temporalidades psicogenéticas y las preconcepciones que teníamos sobre qué puede aprender un niño y cuándo.
Piscitelli plantea una secuencia histórico-cultural de la humanidad con tres etapas: una cultura basada en la oralidad en el pasado y una cultura digital en el futuro, cuya transición pasa por el denominado “paréntesis de Gutenberg”, una era relacionada con lo visual, con la imprenta, con la linealidad, la secuencialidad, el alfabeto. Nuevos actores surgidos de la marginalidad buscan, en esta época, nuevas maneras y recursos para llamar la atención y enseñar a los nuevos públicos en esta etapa de transición, continuando con principios ya planteados por Piaget, Montessori, Paulo Freire y otros pensadores.
2. La digitalización de la vida cotidiana
En las segunda parte de su charla, Piscitelli citó a Norbert Elias, un sociólogo alemán que menciona que, para que haya civilización, además de la freudiana domesticación de los instintos se necesita nuevas costumbres y nuevos hábitos que permitan, por ejemplo, que lo que antes se utilizaba para matar –como un cuchillo–, se utilice para comer. Con esa idea, evocó la transición y multiplicación de las pantallas en el siglo XX: el cine –que creó las pasiones y los sentimientos modernos–, la televisión –que creó la intimidad, la telepresencia y la globalización–, el ordenador –con los videojuegos, la navegación en Internet– y el celular –caracterizado por la miniaturización y la ubicuidad–.
En el ámbito docente, tras el tradicional proceso de emisión del conocimiento por parte del profesor, hoy en día se buscan nuevas formas educativas en que los estudiantes sean los productores del conocimiento. Dos términos caracterizan esta búsqueda: el remix y el mashup: la fusión y recombinación de elementos aparentemente inconexos y poco relacionados, los cuales pueden tener diversos grados de sofisticación. Tiempos y espacios diversos pueden coexistir a través de estos nuevos productos culturales.
La organización de los contenidos ya no se refiere al sistema de clasificación basado en las taxonomías, sino en un nuevo sistema que tiene como base las folcsonomías: clasificaciones propuestas por las personas sin apego al sistema rígido estandarizado y compartimentado de organización de contenidos.
El cuestionamiento del paradigma del broadcast –o sistema de irradiación de la información–, genera cuestionamientos a otros paradigmas, como el del derecho de autor, por ejemplo. Conceptos como la propiedad privada y el copyright, sobre los cuales giran ideologías como el capitalismo, son cuestionados en el marco de la cultura de la recombinación y producción colaborativa. Reaparecen o se redefinen conceptos como reputación, credibilidad, eliminación de fronteras.
3. Arquitecturas de inmersión y transmedia
La idea de arquitectura –o código, que es lo que está detrás de cada acción en una interfaz– es fundamental para entender cómo funcionan las redes. Hay dos grandes tipos de programas: unos orientados hacia liberar, aumentar o mejorar la libertad de los usuarios y otros, que son restrictivos. El software libre y esta nueva propuesta educativa tiene que ver con la arquitectura de libertad. Y la combinación de todos los medios y recursos es lo que genera el transmedia.
No todo el mundo coincide, sin embargo, con la postura de la tecnología y la arquitectura abierta como factor evolutivo de la sociedad. Autores como Nicholas G. Carr se plantean la pregunta: ¿estamos viviendo realmente un avance civilizatorio o retrocedemos hacia una cultura superficial gracias a los medios digitales? Carr afirma que el ser humano se dispersa a causa de Internet: Internet complica, confunde y genera déficit de atención.
Ejemplos de inteligencia colectiva y colaboración, así como narrativas transmediáticas –combinaciones entre diversos medios, tecnologías y soportes online u offline– dan cuenta de la creación de productos comunicativos imposibles de articularse sin la mediación de la Red y de la transición de una mente lectora hacia una mente “surfeadora”.
4. Los chicos del futuro y el futuro de los chicos
Los niños de hoy en día no solo que están familiarizados con los entornos digitales y este universo regido por pantallas, sino que son incapaces de reconocer objetos de la cultura material que no pertenezcan a ese entorno. Lo que para nuestra generación de inmigrantes ha constituido “tecnología”, para los nativos digitales es parte de la cotidianidad. Más que profundizar en las diferencias, estamos llamados a tender puentes entre unos y otros, con el fin de reconocernos mutuamente y reconocer la evolución.
La coherencia entre soportes y contenidos es fundamental para superar esta brecha alfabeto-generacional. La actitud 2.0 de los maestros debe promover que los estudiantes hablen, antes que ellos mismos. Deben aprender a utilizar conceptos técnicos que favorece el acceso, la organización y la participación de las personas frente a los contenidos, como el etiquetado o tagging, por ejemplo.
La cultura tradicional se basa en cierta pasividad: interviene solo el sentido de la vista. Los contenidos para nativos digitales exigen una experiencia global, que eche mano de lo multisensorial y una dinámica corporal total.
Terminó su alocución con un conjunto de ideas inspiradoras: “El pasado se reescribe, el futuro se inventa y el presente nos permite ir permanentemente de un lado para el otro: ir hacia adelante mirando hacia atrás. Hay que hacer un buen ensamble entre tecnología e historia”.
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