Ayer se conmemoró el cuadragésimo cumpleaños del mouse, ese inocente objeto que acompaña a diario a todos los que entramos –por nacimiento o naturalización– a la era digital. Douglas Engelbart, su inventor, presentó en 1968 su ejemplar –hecho de madera con un único botón rojo– con el nombre oficial de “X-Y Position Indicator for a Display System” (Indicador de Posición de X-Y para un Dispositivo de Pantalla). El largo cable que le unía a la computadora fue el responsable de la nomenclatura informal, ya reconocida por la Real Academia Española, de “ratón“.
La aparición del ratón, más allá de su anecdótica historia, representó la posibilidad de mejorar la interacción entre los humanos y las computadoras. Cuando el único interfaz era el teclado y la pantalla –monocromática con luces verdes o anaranjadas sobre fondo negro–, recuerdo haber pensado que yo pertenecía a otra generación y que jamás iba a poder memorizar tanto comando confuso. Gracias a la popularización del dispositivo motivada por Apple desde 1979 –pues, de modo visionario, adquirió la patente para el desarrollo de la primera computadora Xerox con ratón–, los sistemas operativos Mac OS y Windows pudieron desarrollar la analogía de una oficina, con escritorio, carpetas y archivadores, sin los cuales la informática habría seguido siendo patrimonio de unos pocos profesionales de la tecnología.
Aun cuando la pantalla táctil va ganando terreno, sobre todo en dispositivos portátiles, mucho tiempo ha de pasar antes de conseguir que el ratón se extinga. Su evolución tecnológica ha sido constante, pero el concepto básico de apuntar y disparar en la pantalla se ha mantenido como la gestualidad elemental que contacta al usuario con el ordenador.
Han pasado ya 40 años desde que el primer modelo oficial de mouse fue presentado oficialmente por su inventor, Douglas Engelbart. Pero no fue sino hasta 1981 que una computadora comercial se vendió con un ratón incluido: la Xerox Star 8010. Más allá del desarrollo y evolución del dispositivo a lo largo del tiempo, todos los usuarios de sistemas digitales hoy en día estamos acostumbrados a apuntar, arrastrar, mover y presionar el o los botones de un pequeño objeto en nuestra mano, con el fin de “dialogar” con una computadora que solo entiende de unos y ceros.
Los interesados en usabilidad, sin embargo, nos preguntamos cómo podría mejorarse un artefacto tan simple y tan completo a la vez. Apple nos dio una respuesta a través del iPhone, que utiliza una pantalla táctil capaz de reconocer no sólo movimiento, presión y selección, sino diversos gestos como pellizcar, torsionar o difuminar.
Pero ese fue solo el inicio de la difusión masiva de la tecnología multi-touch. Los nuevos modelos portátiles de Apple han incorporado en sus trackpads –el mouse táctil que ya poseían las laptop– la tecnología multi-touch, con una mayor superficie de operación y con más gestos reconocibles. Pronto veremos cómo este tipo de interfaz se va popularizando y se vuelve un estándar en la industria informática, tal como ocurrió en su momento con el mouse, el USB o el sistema operativo basado en ventanas.
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